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Año XXXVIII | Edición 403 - ABRIL 2006 | Argentina
  BUCEO  
  Cuidados del tanque  
  Una pieza fundamental del equipo que no siempre se le presta la debida atención. Aluminio y acero, características, cómo se fabrican, capacidades, flotabilidad y el necesario mantenimiento. Nómina de fabricantes y modelos.  
  Textos: JORGE NIEVES Fotos: DANIEL VARELA  
     

Nadie tiene dudas que el botellón es uno de los componentes más costosos del equipo de buceo. Y como tal, a la hora de decidir la compra se deben considerar varios aspectos claves: uso, material, capacidad, peso, calidad y normas de seguridad que guiaron su fabricación. Los de aluminio se construyen a partir de un cilíndrico macizo que se estira por alta presión hasta formar un caño que luego, en su terminación, toma la forma del tanque. Se utiliza como molde una pieza de acero del tamaño del botellón que, por medio del método de extrusión, lo introduce y le da la forma final. En diferentes pasos del proceso se realizan inspecciones para controlar que las bondades del aluminio no se alteraron y, especialmente, que no se produzcan rajaduras . Esto se hace de acuerdo a normas y estándares rigurosos para la fabricación de cilindros de alta presión. Finalmente, la superficie externa es pintada, bruñida o coarrugada y se estampan los datos de identificación y normas de calidad.

La corrosión
Pese a su importancia, a veces suele ser el elemento del equipo más descuidado y maltratado debido a su peso y porque tiene un aspecto que le da un aire de indestructible. De ninguna manera es así. Por el contrario, es una de las piezas que más atención requiere ya que soporta elevadas presiones, tanto durante las pruebas hidrostáticas de control como durante las cargas de trabajo. Detectar fallas no es difiícil ya que el mismo botellón se encarga de emitir señales de advertencia que indican su deterioro. Algunas de estas pistas son: un sonido apagado y no sonoro como una campana, signos de corrosión y decoloración generalmente por haber sido expuesto a elevadas temperaturas como cuando se lo repinta por materiales epoxis. Además, hay que prestarle atención a abolladuras, rayones profundos, robinete muy golpeado, o corrosión en la rosca del cuello. Recordemos que por ser el cilindro de un material distinto al robinete, sufre una oxidación galvánica, esto es, el aluminio pierde material ante el bronce cromado provocando que la rosca pierda sus hilos de tal forma que no soporte la presión del aire comprimido, pudiendo provocar un grave accidente. Este es uno de los motivos por el cual se suele rechazar un tanque cuando se lo envía, cada cinco años, a hacerle la inspección hidrostática. Por supuesto este problema sobreviene con los años y el contacto con el agua salada que favorece a la corriente galvánica.

Una buena elección
Para los aficionados de todo elmundo el tanque más conocido y utilizado por la mayoría de los operadores es el estándar de 80 pies cúbicos. Pero en realidad no es el único modelo. Existen diversos tamaños, capacidades y materiales, que se adaptan a distintas actividades. De ahí que, si la idea es adquirir un tanque para uso personal, lo primero a considerar es qué tipos de buceo se realizarán, luego, si queremos hilar más fino, se puede considerar la talla física, por ejemplo, una persona de 1,65 m de altura y más de 65 kilos puede utilizar uno de 80 p3, pero si es de menor talla puede optar por uno de 65 p3 que es más liviano y pequeño, o una medida menor –muy utilizado por las mujeres– como es el de 50 p3. De esta manera se logra bucear con mucha más comodidad, especialmente cuando se llevan trajes de neoprene grueso que restan movilidad en superficie o se está abordo y hay que desplazarse hasta la popa mecido por las olas. Con respecto a la capacidad, podemos decir que un hombre de 1,80 m de altura y 85 kilos con un tanque de 86 p3 y una mujer de 1,60 m y 50 kilos con uno de 65 p3, e igual experiencia, suelen terminar el buceo con la misma reserva de aire. Claro que están quienes necesitan aumentar su autonomía y optan por agregar un botellón de los denominados Pony’s de menor tamaño. Otros, cuando van a sumergise en sitios soleados, de poca profundidad donde no superen los 6 metros, optan por un tanque de 30 o 40 p3 que casi no se sienten en la espalda.
A principios de los 70 aparecieron los primeros cilindros de aluminio que fueron aceptados rápidamente, especialmente por los buzos norteamericanos, no así por los europeos. Antes de esos años se conseguían los típicos botellones de 71,2 p3 de acero que se cargaban a 2250 psi más un 10% cuando eran nuevos. Estos botellones fueron los pioneros de la actividad pero luego fueron desplazados del mercado por los de aluminio de menor peso y costo. No obstante estas ventajas, se debió pagar el precio de un cambio en la flotabilidad producto de que el peso específico del aluminio es menor al del acero, y al consumirse el aire y restarle su peso, adquieren flotabilidad positiva. Esta característica obliga a llevar mayor lastre desde el comienzo de la inmersión (cuando está cargado) para compensar el aumento de la flotabilidad al final del buceo cuando se está con 500 libras. En el caso de los de acero ese cambio no se produce por el mayor peso específico del metal.

Fondo y forma
Los botellones de aluminio no abundan en Europa donde, como dijimos, no son del agrado de los aficionados. De ahí que en operadoras de Italia, España o Francia, predominan los de acero y en muchos casos con conexión DIN, cada día con mayor difusión. Una forma de reconocer de qué material es un botellón sin leer las especificaciones que lleva grabadas en el hombro, es mirando la base. En los de acero es cóncava y necesita siempre una bota que anule la curva y le permita quedar de pie. Mientras que los de aluminio terminan en forma recta y no necesita bota. Esta diferencia se debe al método de fabricación. El de aluminio se hace por extrusión desde un cilindro macizo; y el de acero nace de un disco de cromo molibieno que es repujado hasta llevarlo al formato del botellón y, por ende, la base queda curvada.

     
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