| Nadie
tiene dudas que el botellón es uno de los componentes más
costosos del equipo de buceo. Y como tal, a la hora de decidir la
compra se deben considerar varios aspectos claves: uso, material,
capacidad, peso, calidad y normas de seguridad que guiaron su fabricación.
Los de aluminio se construyen a partir de un cilíndrico macizo
que se estira por alta presión hasta formar un caño
que luego, en su terminación, toma la forma del tanque. Se
utiliza como molde una pieza de acero del tamaño del botellón
que, por medio del método de extrusión, lo introduce
y le da la forma final. En diferentes pasos del proceso se realizan
inspecciones para controlar que las bondades del aluminio no se
alteraron y, especialmente, que no se produzcan rajaduras . Esto
se hace de acuerdo a normas y estándares rigurosos para la
fabricación de cilindros de alta presión. Finalmente,
la superficie externa es pintada, bruñida o coarrugada y
se estampan los datos de identificación y normas de calidad.
La corrosión
Pese a su importancia, a veces suele ser el elemento del
equipo más descuidado y maltratado debido a su peso y porque
tiene un aspecto que le da un aire de indestructible. De ninguna
manera es así. Por el contrario, es una de las piezas que
más atención requiere ya que soporta elevadas presiones,
tanto durante las pruebas hidrostáticas de control como durante
las cargas de trabajo. Detectar fallas no es difiícil ya
que el mismo botellón se encarga de emitir señales
de advertencia que indican su deterioro. Algunas de estas pistas
son: un sonido apagado y no sonoro como una campana, signos de corrosión
y decoloración generalmente por haber sido expuesto a elevadas
temperaturas como cuando se lo repinta por materiales epoxis. Además,
hay que prestarle atención a abolladuras, rayones profundos,
robinete muy golpeado, o corrosión en la rosca del cuello.
Recordemos que por ser el cilindro de un material distinto al robinete,
sufre una oxidación galvánica, esto es, el aluminio
pierde material ante el bronce cromado provocando que la rosca pierda
sus hilos de tal forma que no soporte la presión del aire
comprimido, pudiendo provocar un grave accidente. Este es uno de
los motivos por el cual se suele rechazar un tanque cuando se lo
envía, cada cinco años, a hacerle la inspección
hidrostática. Por supuesto este problema sobreviene con los
años y el contacto con el agua salada que favorece a la corriente
galvánica.
Una buena elección
Para los aficionados de todo elmundo el tanque más
conocido y utilizado por la mayoría de los operadores es
el estándar de 80 pies cúbicos. Pero en realidad no
es el único modelo. Existen diversos tamaños, capacidades
y materiales, que se adaptan a distintas actividades. De ahí
que, si la idea es adquirir un tanque para uso personal, lo primero
a considerar es qué tipos de buceo se realizarán,
luego, si queremos hilar más fino, se puede considerar la
talla física, por ejemplo, una persona de 1,65 m de altura
y más de 65 kilos puede utilizar uno de 80 p3, pero si es
de menor talla puede optar por uno de 65 p3 que es más liviano
y pequeño, o una medida menor –muy utilizado por las
mujeres– como es el de 50 p3. De esta manera se logra bucear
con mucha más comodidad, especialmente cuando se llevan trajes
de neoprene grueso que restan movilidad en superficie o se está
abordo y hay que desplazarse hasta la popa mecido por las olas.
Con respecto a la capacidad, podemos decir que un hombre de 1,80
m de altura y 85 kilos con un tanque de 86 p3 y una mujer de 1,60
m y 50 kilos con uno de 65 p3, e igual experiencia, suelen terminar
el buceo con la misma reserva de aire. Claro que están quienes
necesitan aumentar su autonomía y optan por agregar un botellón
de los denominados Pony’s de menor tamaño. Otros, cuando
van a sumergise en sitios soleados, de poca profundidad donde no
superen los 6 metros, optan por un tanque de 30 o 40 p3 que casi
no se sienten en la espalda.
A principios de los 70 aparecieron los primeros cilindros de aluminio
que fueron aceptados rápidamente, especialmente por los buzos
norteamericanos, no así por los europeos. Antes de esos años
se conseguían los típicos botellones de 71,2 p3 de
acero que se cargaban a 2250 psi más un 10% cuando eran nuevos.
Estos botellones fueron los pioneros de la actividad pero luego
fueron desplazados del mercado por los de aluminio de menor peso
y costo. No obstante estas ventajas, se debió pagar el precio
de un cambio en la flotabilidad producto de que el peso específico
del aluminio es menor al del acero, y al consumirse el aire y restarle
su peso, adquieren flotabilidad positiva. Esta característica
obliga a llevar mayor lastre desde el comienzo de la inmersión
(cuando está cargado) para compensar el aumento de la flotabilidad
al final del buceo cuando se está con 500 libras. En el caso
de los de acero ese cambio no se produce por el mayor peso específico
del metal.
Fondo y forma
Los botellones de aluminio no abundan en Europa donde,
como dijimos, no son del agrado de los aficionados. De ahí
que en operadoras de Italia, España o Francia, predominan
los de acero y en muchos casos con conexión DIN, cada día
con mayor difusión. Una forma de reconocer de qué
material es un botellón sin leer las especificaciones que
lleva grabadas en el hombro, es mirando la base. En los de acero
es cóncava y necesita siempre una bota que anule la curva
y le permita quedar de pie. Mientras que los de aluminio terminan
en forma recta y no necesita bota. Esta diferencia se debe al método
de fabricación. El de aluminio se hace por extrusión
desde un cilindro macizo; y el de acero nace de un disco de cromo
molibieno que es repujado hasta llevarlo al formato del botellón
y, por ende, la base queda curvada.
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